16 sept. 2015

EL REFUGIO

Los medios de comunicación llevan días bombardeándonos con imágenes de supuestos refugiados sirios que, según intentan hacernos creer, huyen apresuradamente del horror de la guerra en su país.
Es curioso que esos mismos medios no se hayan hecho eco de las masacres que, durante estos cinco años de conflicto sirio, ha estado perpetrando el Estado Islámico. Ni tampoco hagan especial hincapié en la dramática situación en que han quedado todos los países musulmanes que han sufrido las aplaudidas "primaveras árabes".
La sociedad europea, que ha vivido al margen de todos éstos acontecimientos, de pronto es acusada de falta de solidaridad, como si los europeos, a quienes se nos va a obligar a convivir con los supuestos refugiados, fuéramos responsables de las sanciones económicas que atenazan al gobierno sirio, o como si fuéramos nosotros quienes hemos financiado a las bestias del Estado Islámico.
Todo el mundo está pasando por alto el hecho de que existen países musulmanes, cercanos a las zonas en conflicto, económicamente estables y culturalmente compatibles con las masas de "refugiados", que se han negado a acogerlos, y que no van a recibir ningún tipo de presión internacional para hacerlo.
Nadie está teniendo en cuenta que más del 70% de la población que está entrando en Europa de forma descontrolada, está compuesta por hombres (ni mujeres, ni niños),  según informa ACNUR. Hombres jóvenes y sanos que, en lugar de combatir por su tierra, eligen venir a Europa a dar lecciones de moral a los europeos.
Tampoco se menciona que, según datos de esta misma organización, gran parte de la inmigración que está amenazando las fronteras europeas del Mediterráneo, ni siquiera es población siria. La gente que está entrando viene de otros países, aprovechando la coyuntura. Países que no están atravesando ningún tipo de conflicto bélico.
Pero estos datos no han sido tenido en cuenta por nuestras instituciones. Desde los más altos organismos de la UE, hasta los alcaldes de los más pequeños municipios, todos se han apresurado a ofrecer fondos (pagados por todos nosotros, por supuesto),  para alojar y mantener a los "refugiados". La ley establece que el estatus de refugiado da derecho a una serie de ayudas y subvenciones especiales, a las que, ni que decir tiene, la población española en riesgo de pobreza no tiene acceso en ningún caso.
Las instituciones que mantenemos con nuestros impuestos han abandonado a nuestros compatriotas, y se desviven por garantizar el bienestar de una población ajena que, para más inri, está culturalmente enfrentada a nuestras costumbres y tradiciones.
La solución de esta crisis humanitaria no está en acoger en Europa a todo aquel que quiera entrar, sino en dejar de apoyar a quienes, obedeciendo oscuros intereses, han provocado este éxodo. Los gobiernos municipales y nacionales han de preocuparse en primer lugar por el bien de su pueblo. Ahora más que nunca, es primordial exigir que se defienda lo nuestro.

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